Hace tres años estaba en una cafetería en la CDMX, trabajando en mi laptop a las 10 de la mañana un martes, cuando un turista alemán se sentó a mi lado. Nos empezamos a hablar. Me preguntó dónde vivía.
Yo respondí: “Aquí. En la CDMX. Vivo a 20 minutos de aquí.”
Él sonrió y dijo: “Ah, qué pena. Yo vivo en 200 ciudades.”
Esa frase no se me olvidó. ¿Vivir en 200 ciudades? Eso sonaba a fantasía. Yo creía que viajar era lo que hacías en vacaciones. Dos semanas máximo. Luego regresabas a “la realidad”.
Pero algo en esa conversación se quedó.
Tres meses después, decidí que iba a intentar algo diferente. No un viaje de tres semanas. Un viaje largo. Completamente diferente a lo que había conocido. Lo llamé “Proyecto Zoom Out”. Era más que turismo. Era redefinir cómo vivía.
Hoy, mientras escribo esto desde una casa en Mérida, hablando por Zoom con un cliente en San Francisco, me doy cuenta de que esa conversación cambió mi vida. Y quiero contarte exactamente cómo pasé de estar atrapado en una ciudad a viajar por seis meses. La verdadera historia, con los miedos, los errores, y lo que realmente cuesta.
Antes de irme, no estaba claro por qué me quería ir. Eso suena raro cuando lo escribo ahora. ¿Cómo renuncias a tu vida sin saber por qué?
La respuesta es: la incomodidad es lenta. No es un evento. Es un proceso.
Llevaba tres años en la CDMX. Los primeros seis meses fueron increíbles. Era una ciudad nueva, energía diferente, comida del otro mundo. Pero después de los primeros meses, se convirtió en rutina.
Despertaba a las 7, tomaba café en la cocina, iba a la misma cafetería, trabajaba, regresaba a casa, veía Netflix, dormía. Los fines de semana iba a Condesa con los mismos amigos.
No era malo. Era… plano.
Además, empezaba a notar otras cosas:
Pero lo más importante: creía que la vida era así. Que eso era lo que los adultos hacían. Vivías en una ciudad, trabajabas, llegabas a los 30, te casabas, compraban una casa. Eso era el juego.
Luego vinieron dos cosas que catalizaron el cambio:
1. Mi papá tuvo un infarto. No fue grave, pero fue un wake-up call. Estaba en el hospital, yo en la sala de espera, y pensé: “¿Es esto todo? ¿Rutina hasta que algo pasa?”
2. Un amigo se fue a Bali. Literalmente se empacó en una mochila y dijo: “Me voy seis meses”. Yo pensé que estaba loco. Pero dos meses después, me mandó una foto desde una playa en Indonesia, trabajando desde una cabana, sonriendo de una manera que yo no había visto en años.
Eso aceleró todo. Pensé: “Si él puede, ¿por qué yo no?”
Decidí empezar a viajar. Pero no sabía cómo.
Mi primer error fue pensar que necesitaba renunciar a mi trabajo. Afortunadamente, una semana antes de hacer eso, me detuve. Un cliente me preguntó: “¿Por qué no trabajas remoto desde otro lado?”
Claro. Eso era lo obvio. Mi trabajo era 100% remoto ya.
Así que en lugar de renunciar, simplemente me fui. Mantuve mis clientes. Mantuve el dinero. Cambié la geografía.
Pasé las primeras dos semanas planificando vagamente. Luego me di cuenta de que planificar un viaje largo es diferente a planificar un viaje corto.
Para un viaje de tres semanas, planificas cada día. Para un viaje de seis meses… bueno, eso es casi imposible. Todo cambia.
Lo que hice fue comprar un boleto de ida a Oaxaca. No de regreso. Eso fue importante psicológicamente. Me obligaba a comprometerse.
Luego hice una lista simple:
Total: 6 meses. Pero eso era estimado. Sabía que todo cambiaría.
Metí 6 cambios de ropa. Una laptop. Un cable de cargador. Auriculares. Mi pasaporte. Eso fue todo.
Mi departamento lo mantuve arrendado a amigos por 6 meses. Eso cubrió la hipoteca mental (alguien lo estaba usando, así que no era dinero perdido).
Una noche antes de irme, estuve asustado. Intensamente asustado.
¿Y si no tenía dinero a mitad de camino? ¿Y si me enfermaba lejos de casa? ¿Y si algo pasaba con mis clientes? ¿Y si simplemente no podía hacer esto y fracasaba?
Pero recuerdo haber pensado: “El mismo miedo que siento ahora lo sentiré dentro de dos años si no me voy. Pero esa versión de mí no tendrá la opción de intentarlo.”
Así que me fui.
Oaxaca. Primer día. Suena romántico en mi cabeza ahora. En ese momento, fue el caos.
Llegué a las 8 de la noche. Tomé un taxi a un Airbnb que había reservado por tres días. El departamento era pequeño, en una calle con mucho ruido de motos. Intenté trabajar, pero no tenía buena conexión a internet.
Además, estaba solo. Completamente solo. En una ciudad que no conocía, en un departamento que no era mío, sin saber cuándo regresaría a casa.
El primer día fue depresivo. Eso duele admitirlo. Pensé: “Cometí un error. Debería regresarme.”
Pero decidí dar una semana. Si después de una semana me quería ir, iba a comprar un boleto de regreso. Sin culpa. Sin juzgarme.
La segunda noche cambié de Airbnb a un co-living. Eso fue la diferencia. De repente estaba en una cocina compartida con 15 personas de 12 países diferentes. Alguien estaba cocinando pasta. Otro haciendo café. Todos con laptops.
Había otros nómadas.
Eso fue liberador. No era el único loco viajando. No era el único que trabajaba remoto. Había un ecosistema.
Conocí a una chica brasileña que llevaba dos años viajando. Un tipo de Colombia que vendía cursos online. Una alemana que escribía para revistas. De repente, la estructura que necesitaba apareció sola.
Empecé a entender cómo funcionaba. Despertabas, ibas a una cafetería con wifi, trabajabas, explorabas la ciudad 2-3 horas, cenabas con otros viajeros, dormías. Repetías.
Pero lo más importante: empecé a entender que el viaje no era unas vacaciones. Era una manera diferente de vivir.
Pasé las primeras tres semanas en Oaxaca. Rápido aprendí que Oaxaca es mágica, pero intensamente turística. Después de 10 días, todos los cafés con wifi empezaban a verse igual.
Así que me moví.
Playa del Carmen era diferente. Más caro. Más brasileños. Más estructurado. Había co-livings profesionales, gente haciendo negocios, startups remotas.
Aquí es donde empecé a crear rutinas.
Una observación importante: Si piensas que viajar es fiestas y turismo, fracasas rápido. Lo que descubrí es que el viaje solo funciona si mantienes estructura.
Mi rutina era:
6:00 AM - Despertar. Yoga o ejercicio en la playa. 7:00 AM - Café y responder emails de clientes en US (estaban durmiendo, así que tendría sus respuestas antes de mis 9 AM). 9:00 AM - 1:00 PM - Trabajo concentrado. 1:00 PM - Almuerzo en un lugar diferente cada día. 2:00 PM - 5:00 PM - Más trabajo (reuniones con clientes US principalmente). 5:00 PM - Explorar, pasear, conocer gente, tomar fotos. 8:00 PM - Cena (muchas veces con gente que conocía en el co-living). 10:00 PM - Preparar para dormir, lectura o escritura personal.
Parece estructura. Pero dentro de esa estructura había mucha flexibilidad.
Una semana decidí trabajar desde la playa. Otra semana trabajé desde una hamaca. El punto es: sí hay rutina, pero es tu rutina. No es la oficina.
El dinero en este momento fue la gran preocupación. Oaxaca costaba $25-30 USD por noche en Airbnb decente. Comida $5-8 USD diarios. Entonces, un mes costaba $1,200-1,400 USD en alojamiento y comida.
Mis ingresos eran $5,000 USD mensuales. Así que teóricamente sobraba dinero. Pero el dinero tiene que fluir correctamente.
Aquí aprendí sobre Wise (antes TransferWise). Cambiar dinero en casas de cambio locales es una estafa. Wise me permitía enviar dinero desde mi cuenta US a mi cuenta MXN al tipo de cambio real. Economizaba $300-400 mensuales solo en comisiones.
También empecé a usar Booking y Airbnb estratégicamente. En Playa encontré departamentos de 6-8 semanas por $600-700 USD mensuales. Eso es $75-85 por noche. Combinado con co-livings (donde pagabas $500-700 por un mes), el costo de vivienda era sostenible.
A la semana tres hubo un día que fui a la playa solo, me senté en una silla, y lloré.
No estoy siendo dramático. Literal lloré.
La soledad es lo que nadie menciona en los blogs de nómadas.
Sí, conocía gente. Pero era gente que pasaba. Hoy conoces a un australiano. Mañana se va a Tailandia. Luego conoces a una pareja española. Vuelven a Madrid.
No hay continuidad. Y eso duele emocionalmente.
Además, trabajar remoto significa que tu interacción social es principalmente con personas en internet. Los clientes no son amigos. Son transacciones.
Así que pasé un período (semanas 3-5 principalmente) bastante deprimido. No hacía nada malo. Pero me daba cuenta de que viajar no era la solución a la soledad. Era simplemente viajar solo.
Aquí fue donde cambié estrategia. En lugar de esperar que amistades aparecieran, empecé a buscarlas.
Descubrí Meetup. Había grupos de “Remote workers in Playa del Carmen”. Grupos de emprendedores. Grupos de escritores. Fui a tres eventos.
Fue ahí donde conocí a Valeria. Mexicana, vivía en Playa pero viajaba cada dos meses. Teníamos conversaciones profundas. Ella también estaba en el viaje sola. Nos volvimos amigos rápido.
Pasé un mes más en Playa específicamente por Valeria. Eso cambió todo.
La lección: Viajar no es ser turista. Es construir comunidad. En lugar de esperar la magia, la construcción.
Mes dos fue Playa del Carmen. Medio mes tres volví a CDMX específicamente. Necesitaba resolver asuntos administrativos, ver a familia, anclarme en “realidad”.
Fue revelador. Regresé a mi ciudad por una semana. Veía a mis amigos. Pero la ciudad no me llamaba. El departamento estaba arrendado. No tenía “hogar” realmente.
Al mismo tiempo, extrañaba la carretera.
Eso me hizo entender que el viaje ya no era opcional. Se había convertido en mi forma de vivir.
Pasé entonces a Mérida. Mérida fue diferente a todo. Es una ciudad sin turismo masivo. Pocas personas iban. Pero era hermosa. Tranquila. Cultural.
Aquí es donde empecé a escribir en serio. Empecé a tomar el viaje como más que escapar de la CDMX. Empecé a explorar profundamente.
Pasé seis semanas en Mérida. Aprendí historia maya. Cociné en la cocina compartida del co-living. Hice amigos locales (no solo viajeros).
La riqueza del viaje comenzó aquí.
Después de tres meses en México, me fui a Bali.
Bali es diferente. Es el meca de los nómadas digitales. Hay 2,000+ extranjeros viviendo ahí permanentemente. Hay 15 co-livings. Hay una comunidad establecida.
Es también más barato. $20 USD por noche en Airbnb. $2-3 USD por comida.
Pasé ocho semanas en Bali. Las primeras dos fueron exploración. Ubud, Seminyak, Canggu. Luego me asenté en Canggu por cinco semanas.
Canggu fue donde pasó algo inesperado. Conocí a un grupo de 8 personas que estaban viviendo juntas. Todos nómadas. Todos trabajando en sus negocios. Todos en la misma vibra.
Pasé a un co-living con ellos. De repente, el viaje no era solitario. Era comunitario.
Teníamos desayuno juntos. Trabajábamos lado a lado en cafés. Explorábamos juntos. Cenábamos juntos.
Y lo importante: todas esas personas ganaban dinero de forma remota. Una estaba haciendo $10k/mes. Otro vendía información products. Otro escribía. Otra era diseñadora.
Eso fue educativo. De repente estaba rodeado de gente que no solo viajaba, sino que prosperaba mientras viajaba.
El dinero en Bali me permitió ahorrar. Trabajaba menos, ganaba lo mismo, gastaba menos. Eso aceleró mis planes de inversión.
También fue donde descubrí que el viaje podría ser más que escapar. Podría ser construir.
Quiero ser específico con dinero porque la mayoría de blogs mienten aquí.
Mis gastos durante los 6 meses fueron:
Alojamiento: $600-900 mensuales (Airbnb + co-livings combinados) Comida: $400-600 mensuales (comer como local la mayoría del tiempo) Transporte: $200-300 mensuales (buses, taxis, un vuelo a Bali) Entretenimiento/Tours: $300-500 mensuales Otros (medicinas, lavandera, etc): $200-300 mensuales
Total mensual: $1,700-2,500 USD Total 6 meses: $10,200-15,000 USD
Mis ingresos fueron $5,000 USD mensuales.
Así que gasté menos dinero que gané. Ahorré aproximadamente $30,000-33,000 USD en seis meses.
Eso fue posible porque:
1. La soledad no desaparece
La gente cree que viajar es la solución. No lo es. La soledad es interna. Viajar simplemente cambia el telón de fondo.
Aprendí a estar cómodo solo. A disfrutar un café sin necesidad de conversar. A escribir en un parque. La soledad se convirtió en productividad.
Pero también aprendí a buscar comunidad activamente. No esperar que apareciera.
2. El viaje es caro si lo haces turista, barato si lo haces local
A los turistas les cuesta $100 USD la comida. A los locales, $8 USD.
La diferencia no es la ciudad. Es la mentalidad.
Empecé a vivir como local. Comía dónde comían locales. Tomaba transporte local. Hacía amistades locales.
El costo bajó 60%. La calidad de vida subió.
3. La rutina es más importante que la libertad
Irónicamente, para disfrutar la libertad del viaje, necesitas rutina.
Sin rutina, colapsas emocionalmente en dos semanas. Lo aprendí a la mala.
4. El internet es todo
No puedo enfatizar esto suficientemente. Si tu internet es malo, tu vida es mala.
Pasé dos semanas en un Airbnb que tenía internet inestable. Fueron dos semanas del infierno. Perdí clientes porque no podía entregar a tiempo.
Hoy, primero verifico la velocidad del internet. Luego elijo la casa.
5. Documenta el viaje (pero no obsesionivamente)
Los primeros dos meses tomé 3,000 fotos. Luego me di cuenta: estaba viajando para Instagram, no para vivirlo.
Cambié a una foto por día. Máximo. Eso me permitió experimentar en lugar de documentar.
Pero sí, documentar fue valioso. Hoy, cuando estoy deprimido o dudoso, veo esas fotos y recuerdo por qué valió la pena.
Mi mochila pesaba 12 kilos cuando salí. Hoy, a los 6 meses, peso 8 kilos.
Lo que llevé y fue invaluable:
Lo que llevé y nunca usé:
Lo que debería haber llevado:
La regla: Si no lo usaste en el primer mes, no lo necesitas.
A los 6 meses regresé. Fue extraño.
Dormir en mi cama fue raro. La ciudad estaba igual que como la dejé. Mis amigos estaban igual que como los dejé.
Pero yo era diferente.
No puedo explicar exactamente qué cambió. Pero la forma en que veía el mundo cambió. Entendí que la vida no es un destino. Es un viaje.
Regresé a la CDMX, pero no me quedé. Dos meses después me fui de nuevo. Esta vez por tres meses a América Central.
Hoy, un año después, sigo viajando. Aunque ahora es diferente. Paso más tiempo en cada lugar (8 semanas mínimo). Estoy más enfocado.
Si quieres intentar algo parecido, estas son mis recomendaciones:
1. Haz el viaje mientras tienes trabajo remoto
No renuncies. Es el mejor seguro que puedas tener.
2. Empaca mínimo
Tu capacidad de movimiento es directamente proporcional a lo que llevas. Menos cosas = más libertad.
3. Elige entre turismo o viaje
Si quieres turismo, toma dos semanas. Visita diez lugares. Toma fotos.
Si quieres viaje largo, quedate 6+ semanas en cada lugar. Conviértete en local. Construye amistad.
Ambos son válidos. Pero no los mezcles.
4. Presupuesta conscientemente
Haz un spreadsheet. Registra cada gasto. No es romántico, pero es realista.
5. Elige ciudades, no solo países
No viajes por “ir a Tailandia”. Viaja por vivir en Bangkok. Por entender Bangkok. Por conectar con Bangkok.
6. Networking es dinero
Los mejores viajes, los mejores clientes, las mejores oportunidades, las mejores amistades que tuve en el viaje vinieron de conocer gente.
Invierte tiempo en networking. Usa Meetup. Ve a eventos. Hablale a extranjeros en cafés.
7. Toma en serio tu trabajo remoto
No viajes como si fueras de vacaciones y pierdas tus clientes. El trabajo es lo que te sostiene.
Trabaja bien. Honra tus compromisos. Eso te da libertad.
Tres años después de esa conversación en la cafetería en la CDMX, he viajado a 15 países. He vivido en 8 ciudades por 2+ meses cada una. He conocido a 200+ personas de 40+ nacionalidades.
Pero lo más importante: dejé de creer que la vida es un destino. Ahora sé que la vida es el viaje.
No estoy sugiriendo que todos deban hacer lo que hice. Pero sí estoy sugiriendo que la vida es más flexible de lo que crees. Si te sientes atrapado, la solución no es renovar el contrato. Es redefinir lo que quiere decir vivir.
Para mí, viaje significó libertad. Para ti, podría significar diferente cosa. Pero la lección es la misma: la incomodidad que sientes ahora es una señal. Es un mensajero.
Pregúntate: ¿Qué quiero cambiar? ¿Cuál es lo peor que puede pasar?
Si lo peor es que regreses a lo que tienes ahora, entonces tienes permiso de intentar.
Ese permiso es lo que necesita la mayoría de la gente.
Si quieres empezar tu viaje:
Descargué una guía de 30 páginas con el itinerario exacto, presupuestos reales, contactos de co-livings, y toda la información logística que necesitas. Es gratis.
Envíame un email a [email protected] con “VIAJE” en el asunto y te la mando.
También tengo un grupo de Telegram de gente planeando su primer viaje largo. Menos de 50 personas. Mucha ayuda real, sin spam.
Si esto resonó contigo, únete. El viaje ya empezó. Solo falta que tú decidas si viajas o no.
PD: Si viajas a Mérida, Oaxaca, Bali o Tailandia, mándame un mensaje. Probablemente conozca alguien. O yo siga ahí. La comunidad nómada es pequeña. Nos encontramos siempre.